Hondarribia, ciudad amurallada

En una entrada anterior terminábamos nuestra excursión por Jaizkibel en Guadalupe, desde donde descendíamos a Hondarribia. Hoy conocerás lo que este maravilloso puede ofrecerte a ti y a tu familia.

Hondarribia es una ciudad con una apasionante historia de más de 800 años que habla de guerras, invasiones y pesca de ballenas. Esta dualidad se refleja en sus dos barrios de mayor solera: La Marina o barrio de pescadores y la parte vieja, ciudad amurallada donde nos encontraremos con palacios y castillos.

La visita a Hondarribia comienza por dejar el coche bien en el aparcamiento de la Alameda si deseamos empezar por la parte vieja o bien en el de Benta Zaharra, de pago, si deseamos empezar por el barrio de pescadores.

El parking de la playa también es una buena idea si deseamos disfrutar de un rato de baño y sol o pasear por el puerto deportivo y su zona de restauración. Detrás de los bares, hacia la carretera, hay un estupendo parque infantil de juegos.

La parte vieja de Hondarribia es sencillamente impresionante. Merece la pena acercarse hasta la zona de Gernikako Arbola donde podremos admirar su muralla (Harresiak) y el baluarte de la reina (un perfil muy estético que ha representado a la ciudad en muchos formatos) desde la parte exterior para comprender su verdadera dimensión arquitectónica.

En la parte baja del baluarte tenemos un acceso al barrio medieval aunque mi recomendación es volver sobre nuestros pasos para entrar por la calle Mayor (Kale Nagusia) y cruzar el arco de Sta. María con el escudo de la ciudad. La imagen es una de las postales más reconocidas de la ciudad.

Esta calle nos llevará hasta la plaza de armas (Arma Plaza) y el castillo de Carlos V, parador nacional de turismo. El Parador tiene un bar en su planta baja decorado de forma espectacular con elementos medievales. Los niñós sencillamente alucinaran.  Algunas estancias como el salón de los tapices, el patio de armas o la azotea del edificio son más difíciles de visitar en situaciones normales, pero si puedes, no te los pierdas.

Descendiendo por la calle San Nicolas y tomando a la derecha la calle Harategia llegaremos a la plaza de Gipuzkoa, que casi parece un decorado de película (lo ha sido en varias ocasiones). Plaza rodeada por cadenas, pórticos y preciosos edificios históricos con fachadas exquisítamente conservadas.

Aunque recomiendo perderse por las calles que hemos dejado un poco más atrás (Denda, Juan Laborda, Ubila, Eguzki o Pampinot kalea) podemos bajar al barrio de la Marina desde este punto en apenas 5 minutos.

Las calles San Pedro, Zuloaga y Santiago concentran toda la esencia marinera de la ciudad. Hoy en día se han convertido en cómodos espacios semipeatonales repletos de vida comercial y hostelera pero tradicionalmente era el barrio donde vivían los marineros.

De hecho te llamará la atención los vivos colores de sus casas, que coinciden con las pinturas empleadas en los barcos de pesca tradicionales: rojos, verdes y azules.

Las terrazas del barrio y los bares van desde lo más tradicional hasta las gastrotecas más innovadoras con pintxos ganadores en concursos nacionales. Sin duda es un sitio donde detenernos a comer y beber.

Podemos terminar el día caminando tranquilamente por el Paseo Butrón y acercarnos hasta el espigón, dejando a nuestra izquierda la playa y el puerto deportivo. Es un bonito paseo si el clima acompaña.

Hondarribia es una de las ciudades más bonitas que he visto en mi vida, llena de tesoros en sus calles, de rincones fotográficos y muy cómoda para ser recorrida caminando. Te invito a comprobarlo con tu familia.
No en vano muchos montañeros que se disponen a recorrer el GR11 invierten un par de días antes de arrancar en conocer Hondarribia.

Supone un destino de fin de semana ideal para completarlo con una excursión por la cresta de Jaizkibel y un día de playa.
Si además puedes visitarla el 8 de septiembre podrás ver el Alarde, la fiesta tradicional más importante de todo el año, un espectacular desfile que recorre toda la ciudad en el que participan miles de personas.

Pirineísta

Montañero aficionado, fotógrafo vocacional y padre de dos niñas que están empezando a descubrir la montaña.

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